07 septiembre, 2017

La vida es una loquilla y la nieve también

Había una vez un "joven" que deseaba conocer la nieve.
Un día, decidió que ya era momento de cumplir tan anhelado sueño, así que compró un pasaje en bus para él y su polola rumbo a la cordillera de los Andes. 



El día del viaje todo parecía perfecto: el cielo era azul, el viento fresco y los huevos duros ya se encontraban listos dentro del cooler (mentira, no tenemos cooler pero era para que se entendiera). Botas, guantes, lentes de sol e implementos varios fueron depositados en el equipaje, todo se seleccionó cuidadosamente para tan anhelado día. Sin embargo, algo pasó desapercibido para nuestro querido amigo, pues él no sabía que al llegar allí solo tendría la oportunidad de observar desde el bus como la nieve descansaba en esos  altos picos cordilleranos. Pues inesperadamente, el paso fronterizo había sido cerrado por mal tiempo y ya no quedaba otra más que devolverse y planear otro viaje en el cual finalmente el sueño fuera convertido en realidad. Frente a esa terrible situación, los amables organizadores y guías turísticos del viaje, decidieron llevarnos a un lugar espectacular en compensación a la tragedia: Visitar el increíble templo de la Santa Teresa de los Andes. Sí, ese mismo! así que, finalmente comimos nuestros huevos duros y cocavís varios sentados bajo unos árboles y escuchando un eterno ave maría. Lo peor de todo y que uds no saben, es que nuestro aventurero es Ateo, por lo que podrán imaginar la magnitud de esta desgracia.



Pero bueno, así como la vida cierra una puerta, abre una ventana (así es el dicho o no?). En este caso, abrió un ventanal, pues aquel soñador tiempo después tuvo la oportunidad de viajar al otro lado del mundo, específicamente a la tierra de la eterna nube blanca, Nueva Zelanda. Al poco tiempo y radicado en una comunidad sureña del país, vuestro "joven" recupera tan anhelado sueño y pues decide dar rienda suelta a sus deseos emprendiendo un nuevo y definitorio viaje. Esta vez el destino: El centro de esquí en Mount Hutt.


No obstante, la nieve continuaba resistiéndose a conocer a nuestro héroe: El centro de esquí se encontraba cerrado temporalmente debido al acecho de una posible tormenta. La angustia se apoderó de él por un momento brotando pensamientos como burbujas en un agua en ebullición: y si esto era una broma del destino? como tan mala cuea digo yo?. Lo que éste no sabía es que aún la vida ya había abierto otra pequeña ventana extra: Descendiendo la colina su sueño esperaba por hacerse realidad.

































Y así como la vida sigue siendo una pequeña traviesa, en nuestro siguiente viaje puso la mayor cantidad de nieve vista por el hombre, de todas las formas, proporciones y hasta colores en un solo lugar en el que ni siquiera esperábamos encontrarla.










Así es la vida, no hay que entenderla, solo quererla.

FIN